Crisis, hablando siempre de inundaciones de campos. El agua
corriendo a toda velocidad por los huecos entre las plantaciones, rebalsando
los huecos, tapando los huecos, arruinando, sin retorno, la cosecha de café.
Sentada en la
confitería, sin mesa en la ventana libre, todo mi entorno se vuelve línea de plantación.
Detrás de las charlas se escucha el sonido de fondo, el que el cerebro debería
acostumbrar a borrar, el que avisa la necesidad de mantenimiento.
Estas marcas de semillas tostadas ya son parte de mi cuerpo,
son viejos juegos con tazas desayunadoras, agua hirviendo por los surcos de la piel.
Decidida a no quemar nunca más los pelos de mi lengua, nunca más sentarme frente a una tierra imposible de sembrar.
Decidida a no quemar nunca más los pelos de mi lengua, nunca más sentarme frente a una tierra imposible de sembrar.